Mostrando entradas con la etiqueta ego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ego. Mostrar todas las entradas

Verdadera seguridad

Sólo en la luz del amor que desprende nuestro verdadero ser hallamos seguridad. El ego nos ofrece una falsa seguridad, que consiste en protegernos rodeados de tinieblas, como si fuéramos delincuentes que va a hacer algo malo. Pero aquel que se protege con las tinieblas tiene miedo de todo; por ello esa necesidad permanente de engañar, de ocultar, de mentir, que se tiene cuando se está aferrado al ego. Si te proteges con las tinieblas, al final te percibes a ti mismo como un ser tenebroso y es así como percibes a tus semejantes. La luz del amor deshace esas tinieblas; la luz del amor es la verdad de nuestra vida, el goce de nuestra plena libertad, nuestra alegría espontánea y nuestra condición amorosa; así es nuestra naturaleza real y así fuimos creados por Dios, con esa luz y en esa luz que nos da seguridad infinita.

Jesús María Bustelo Acevedo

El conocimiento nunca es temible

El conocimiento nunca es temible. Porque el temor forma parte del mundo falso del ego, y el conocimiento, del reino amoroso de Dios.

Jesús María Bustelo Acevedo

La falsedad del sacrificio

Uno de los engaños del ego es el sacrificio, que no es más que culpabilidad en nosotros o proyectada en nuestros hermanos. La idea de sacrificio es consecuencia de la negación del amor infinito que somos, un amor de naturaleza feliz, eterna y oferente. Al negar este amor verdadero, nos inventamos uno falso que no es más que sufrimiento disfrazado, un sufrimiento que queremos hacer pagar a nuestros semejantes o por el que nos sentimos en deuda con ellos. Dolor, deuda, pago, compromiso, obligación... Esas son las expresiones de un mundo falso sin amor, donde en su lugar lo que impera es el negocio y el resentimiento, hasta el punto de improvisar efímeras sensaciones placenteras conformes con su idea de separación y ataque.

Jesús María Bustelo Acevedo

Dios es Libertad

Dios es Libertad: vivir en su Reino es gozar de nuestra condición amorosa, de nuestro poder infinito y de nuestra naturaleza benévola. Pero el ego, que es servidumbre en cuanto que es la negación de nuestro ser real, pretende convencernos de que la libertad está en su pequeño mundo de carencia y confrontación, y que la esclavitud es el Reino de Dios, donde todo está programado con una meticulosa y perfecta precisión. Cuando en los instantes en los que nos identificarmos con nuestra naturaleza amorosa y libre sentimos que no es así, el ego hará una nueva propuesta: el Reino de Dios es como una gran "Nadidad", donde te unes, te fundes, te disipas y ya no eres nada de nada... En cualquier caso, el despliegue de su inventiva (efímera) no tiene más límite que la Verdad de nuestro Ser (eterna).

Jesús María Bustelo Acevedo

¿Qué es la violencia?

El ego asocia el amor con la debilidad, con la vulnerabilidad, con la inferioridad... No es extraño que haga esto, porque el amor, el amor de verdad, supone la evidencia de que el ego no existe. Lógicamente, al pensar así, considera que el odio es fortaleza y que el ataque es expresión de superioridad. Pero el ataque es consecuencia de sentirse vulnerable ante una aparente amenaza externa, y esta sensación de estar indefenso que mueve al ataque más bien denota sentimiento de inferioridad. La violencia no es más que un intento de disimular ese sentimiento de inferioridad que aquel que ataca siente con respecto al atacado.

Jesús María Bustelo Acevedo

El Inocente Hijo de Dios habita en la Eternidad

El Inocente Hijo de Dios habita en la Eternidad, no puede ser amenazado. Para ser amenazado se precisa morar en la ilusión del tiempo, que es donde el ego despliega su abanico de falsedades. Es en esa inmortalidad del Hijo de Dios donde aguarda nuestro verdadero hogar, el Reino del Amor para el que somos creados eternamente.

Jesús María Bustelo Acevedo

Este es un mundo de símbolos

La crucifixión (+ y ficción, la ficción de que esa cruz de la muerte rige nuestra existencia, en lugar del Dios de Vida que nos crea para la Eternidad) es un símbolo del ego, y la Resurrección, un símbolo de la Eternidad.

Jesús María Bustelo Acevedo

La debilidad del ego se evidencia en el ataque

La necesidad de confrontar inherente al ego define su debilidad. Atacar es reconocer en lo atacado un poder que quien ataca percibe como escaso o ausente en sí mismo. Quien es consciente de la fortaleza infinita de su ser no precisa de ningún ataque ni tampoco puede sentirse atacado en ninguna situación. Vive conforme a esa fortaleza del Amor que es su ser real y simplemente busca lo que le falta. ¿Y qué le falta a quien es todo Amor? Compartirlo.

Jesús María Bustelo Acevedo

La gratitud facilita el goce de la abundancia

El ego quiere que busquemos y que nunca hallemos, porque en ello está su supervivencia. El Espíritu Santo, por el contrario, nos anima a una búsqueda en la que siempre vamos a hallar, porque el objetivo no es otro que el tesoro infinito de nuestros corazones. Ese tesoro infinito que fue voluntad de Dios que disfrutáramos plenamente y es nuestra propia gratitud lo que nos hace gozar de él. La gratitud es el estado de gracia, de alegría, de dicha, en el que Dios nos crea en y para la Eternidad. La gratitud es el sentimiento amoroso más bello que podemos albergar para nuestro Creador.

Jesús María Bustelo Acevedo

El ego no puede amar

El ego nunca puede verse satisfecho en el amor, porque el ego no puede amar, y como es consciente de ello, también percibe a los demás como incapaces de amarle a él.

Jesús María Bustelo Acevedo

El ego funciona sin amor

El ego funciona siempre sin amor, es un artilugio que dispone de su propio carburante, el amor falso, una substancia altamente contaminante hasta el punto de que el propio ego le tiene miedo. No contento con temer al amor verdadero, teme incluso el sucedáneo que de él se inventa. Todo el que vive preso del ego está continuamente buscando amor, ese que no se reconoce en sí mismo. Los deseos del ego van siempre acompañados del oculto deseo de que no sean satisfechos, porque la falsa existencia del ego no es más que una continua búsqueda sin fin. El ego no es más que mendicidad, culto a la carencia, que busca suplir en el mundo que percibe como exterior toda esa pobreza y necesidad que a sí mismo se atribuye. Una vez creado este mecanismo pedigüeño, este saco sin fondo que es el ego, sólo falta adornarlo con conceptos complejos y enrevesados... Schopenhauer, Nietszche, Freud, Darwin y otros muchos pensadores, con su insuperable e irrebatible inventiva, pueden echarnos una mano en este sentido.

Jesús María Bustelo Acevedo

La verdad siempre es

No se precisa hacer nada para tener fe plena en la verdad. Sólo lo que es falso busca justificaciones en argumentos o en acciones de las que depende, y la verdad no puede ser dependiente de ninguna acto o de ninguna argumentación elaborada; solamente las mentiras tienen esa dependencia. Ignoramos la verdad cuando desde el ego pretendemos analizar ese error que hemos percibido. Hay que enfocarse en la verdad, no en el error, que pertenece a un mundo que no es real; la atención que prestemos a cualquier elemento de ese mundo falso es una concesión de poder (concesión de poder que, lógicamente, tiene lugar dentro de la ficción del ego, porque en el mundo falso no se puede ejercer ningún poder, sólo se da una apariencia de él: el poder del mundo falso es siempre el falso poder que le cuadra a su falsedad que toma su carburante de la distorsión del propio Poder de Dios que niega, como un espejo que distorsiona nuestro rostro toma la imagen de nosotros sin serlo).

Jesús María Bustelo Acevedo

Todo el mundo adora a un dios

Todos adoramos a un dios: cuando negamos al Dios del Amor, de la abundancia, de la benevolencia, del conocimiento, de la libertad, de la luz..., entonces, instantáneamente, aunque no tengamos conciencia de ello, adoramos al falso dios de la esclavitud del ego, al falso dios de la confrontación, de la escasez, de la malicia, de la ignorancia y de la inventiva retorcida que con sus elaboradas construcciones intenta justificar todos esos pseudovalores del mundo de la esclavitud que representa el ego. El Dios del Amor quiere que hagamos nuestra voluntad, nuestra voluntad verdadera, la que emana de nuestro ser real, y quiere que la hagamos con la alegría de la libertad. Por eso Dios es Libertad, y las caricaturas que el ego construye de la libertad no son más que formas de esclavitud.

Jesús María Bustelo Acevedo

No hay milagros en las tinieblas

Es en la luz, en el mundo real, en Dios, en la verdad eterna en la que somos creados, donde sentimos la presencia de los milagros, aunque no se precisen milagros en la Eternidad ni haya milagro mayor que la propia vida. Aferrados al ego (que es la no aceptación de la luz, es decir el mundo de las tinieblas), es imposible sentir estos milagros. El ego no hace milagros: el ego fabrica sus ficciones de confrontación en el mundo de la oscuridad; en él expresa su falsa religión del culto a la carencia y a un dios tan falso como remoto e indiferente, da igual que se crea o no en él... ¿Qué importancia tiene creer o no en un dios de mentira cuando se niega el milagro de la Vida, la Divinidad presente en toda la Creación?

Jesús María Bustelo Acevedo

El ego es el padre de su padre

Vivir es crear. Toda criatura tiene un creador. Por lo tanto, todo lo que hacemos está en relación, consciente o inconscientemente, con la búsqueda de Aquel que es nuestro Creador; todas nuestras resoluciones son la respuesta a esa búsqueda. Y como nosotros mismos fabricamos esa respuesta, le somos fieles a ese "dios". Cuando no reconocemos a la Divinidad como nuestro Poder (Padre) Creador, ese hueco lo cubre la necesidad de inventarnos un "padre". Esto ya es una "acción" del ego: el ego es el padre del padre que se inventa. Ningún hijo es padre de su padre, eso sólo sucede en la locura de creer que la falsedad es el mundo real, que un mundo de efectos, que es una mera proyección, es un poder causante... Si no reconocemos a nuestro Padre, que nos dejó su naturaleza en nuestros corazones, es imposible que disfrutemos de los bienes que Él nos regala, aunque paradójicamente, tomemos de ellos el carburante de nuestra limitada inventiva que no reconoce al Dios de Vida que es todo Amor.

Jesús María Bustelo Acevedo

La Ley del Amor

La Ley del Amor es aquella que determina que tengamos que estar ofrendando ese amor, perennemente, en todas nuestras creaciones. Es una ley fundamental que siempre estamos cumpliendo con gozo; cumplirla es la expresión de nuestra voluntad verdadera. Afirmar que por cumplirla no somos libres es tan absurdo como en el falso mundo de apariencias lo sería decir que no lo somos porque cumplimos años. Al cumplir la Ley del Amor mediante nuestras ofrendas y creaciones, extendemos el Reino de los Cielos que está en nosotros mismos. Desde el ego también se "cumple" esa ley, pero, como el ego es el mundo del culto a la carencia, todo aquello que da lo ve como una inversión interesada, lo que da lo pierde... En la realidad del amor verdadero, lo que damos lo tenemos para siempre, eso es extender; no solamente lo que damos lo tenemos para siempre, sino que el valor de cuanto damos está en su propia dación, en su propio hecho de ofrendarlo, pues ello sólo es lo que es al ofrendarse.

Jesús María Bustelo Acevedo

¿Por qué nos enfrentamos?

Nos enfrentamos a nuestros semejantes porque el ego, en su locura, imagina que ellos nos quitan o pueden quitarnos lo que deseamos. Sin embargo, es el ego el que nos quita la conciencia de nuestra abundancia, la conciencia de que el amor, la paz y la felicidad que anhelamos está en nosotros, somos nosotros mismos. Al ver, al sentir, este amor con el que Dios nos hizo en nuestra propia naturaleza, lo vemos y lo sentimos por todas partes y en todos nuestros hermanos.

Jesús María Bustelo Acevedo

El amor no abriga resentimientos

Cuando pensamos que el mundo de la confrontación tiene sentido, estamos negando la verdad del amor. Cuando vemos a nuestros hermanos como objetivos que atacar, o sujetos que nos atacan o que pueden atacarnos, estamos percibiendo un mundo sin amor. En otras palabras, no estamos amando. Pero amor es lo que somos, amor es lo único real, permanente, verdadero, esencial; luego si no amamos, no nos estamos identificando con lo que verdaderamente somos.

Cuando pensamos que el amor termina, es que no sabemos qué es el amor. Si el amor es algo vulnerable, algo que puede ser atacado y destruido, sólo quien se identifique con eso, con lo vulnerable, con lo débil, con lo perecedero, podría darle algún "valor" (entre comillas, pues es una manera de "valorar" despreciando: lo que se desprecia no se puede valorar al mismo tiempo). Quien no sabe lo qué es el amor, no puede disfrutar de su naturaleza amorosa, que es su verdadera identidad.

Puesto que somos amor y sólo el amor es real, el mundo del ego, que es sólo temor, conflicto y engaño, es un mundo de locura. Es la única locura que existe, la locura del mundo del ego. La única que existe y la única que no existe, puesto que el ego es una falsedad: el ego rinde culto a la mentira, no puede rendirle culto a la verdad porque la verdad es la negación del ego, la evidencia de que no existe. De ahí la importancia de vivir en la verdad: verdad y falsedad no pueden coexistir. Si percibimos un mundo donde hay verdad y falsedad, nuestra mente, al igual que ese mundo, está dividida y en total confusión. La verdad o es total o no es verdad. Una mente dividida es una obstrucción al expandirse del Reino de Dios; es decir, una obstrucción a nuestra propia felicidad.

El rencor es una expresión propia del ego. Es una forma de victimismo. El ego se imagina víctima porque siempre busca razones en el exterior que le hagan sentir que existe. Esa es la locura del ego: al saberse que no existe, no puede afirmarse en sí mismo, se justifica en lo que no es él, en cuanto percibe como ajeno. Si nos identificamos con este ego rencoroso, percibimos a Dios como un ser de esa misma naturaleza. Este es el origen de ese dios estricto, castigador, justiciero, resentido, que vemos en la falsa religión. Por otra parte, estar presos del rencor, es la negación de que somos hijos del Amor y de que el Amor es nuestra verdadera naturaleza. Por lo tanto, es la expresión del desconocimiento de Dios, que es todo Amor y nos creó con Amor, por Amor, para el Amor y eternamente en el Amor.

Jesús María Bustelo Acevedo

Creatividad

El ego no puede destruir nuestra creatividad (ese bien que nos recuerda que Dios nos hizo a su imagen y semejanza), luego intenta identificarla con nuestro yo falso, con lo perecedero, con lo corporal. El daño que en el mundo del cuerpo podemos hacernos está en relación con esa falsa concepción de la creatividad. Porque la creatividad verdadera, la que nos define, es siempre benévola (la palabra "benévola" viene de "bien", del bien de la creatividad).

Jesús María Bustelo Acevedo

El cuerpo es un medio de comunicación

Cuando tomamos por real este mundo de apariencias, nos percibimos como cuerpos efímeros y vulnerables. En realidad, más que con el cuerpo, nos identificamos con esa invisible capa que lo delimita y que llamamos forma. Nos identificamos con las formas, por eso no tenemos conciencia real de la naturaleza y peculiaridades de nuestro cuerpo; lo maltratamos con malos hábitos y malas posturas. Aquel que se reconoce como espíritu, trata correctamente al cuerpo, manteniéndolo limpio y saludable y haciendo uso de todas sus herramientas de manera eficiente. El cuerpo es nuestra televisión privada particular, no necesita publicidad para mantenerse: basta con un buen corazón y grandes deseos de ofrendar a nuestros semejantes lo mejor de nosotros. Tenemos programas para toda la familia: comedias superdivertidas, películas de aventuras, documentales interesantísimos sobre lugares exóticos, el espacio para la lírica, la hora del bricolaje, programas infantiles, de cocina, arte, deporte, ópera, zarzuela, cursillos de baile flamenco, etc, etc, etc... Cuando el ego nos suplanta, se apaga esa tele y se termina el show de la vida... Cuando el ego nos suplanta, no estamos transmitiendo nada... La tele está apagada, pero toda la plantilla está en su puesto y lista para hacer su trabajo, sólo falta encender la vida y comenzar a emitir. Si nos sentamos y cruzamos de brazos para ver lo que otros transmiten, todas nuestras emisiones no les van a llegar a nuestros semejantes.

Jesús María Bustelo Acevedo