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El cuerpo es un medio de comunicación

Nuestra confianza en los sentidos en realidad no es más que el deseo de querer ocultar nuestro conocimiento de que no nos informan del mundo tal como verdaderamente es. Damos plena certeza a los sentidos y de este modo anulamos la duda. Pero nuestros sentidos van hacia afuera, su enfoque es hacia el exterior, no están enfocados en nuestro ser. Esta disposición de los sentidos hacia el exterior ya nos está informando de que son herramientas de comunicación, desde nuestro ser hacia nuestros semejantes. Es decir, ya que están enfocados hacia el exterior, debemos interpretarlos como herramientas para ofrendar, y no para la comprensión de nuestro verdadero ser, no para hacer ningún juicio de nuestra naturaleza. Tal como el mecánico no pide explicaciones a sus herramientas ni de su trabajo ni del que lo trabaja, del mismo modo no podemos pedírselas al cuerpo y a todos sus sentidos y demás artilugios, que conjuntamente son nuestro medio de comunicación. Identificarnos con ellos supone percibirnos con sus carencias y en su caducidad; usarlos como herramientas de comunicación nos hace atender a nuestro ser real y buscar allí la comprensión de los valores que definen nuestra naturaleza.

Jesús María Bustelo Acevedo

Creatividad

El ego no puede destruir nuestra creatividad (ese bien que nos recuerda que Dios nos hizo a su imagen y semejanza), luego intenta identificarla con nuestro yo falso, con lo perecedero, con lo corporal. El daño que en el mundo del cuerpo podemos hacernos está en relación con esa falsa concepción de la creatividad. Porque la creatividad verdadera, la que nos define, es siempre benévola (la palabra "benévola" viene de "bien", del bien de la creatividad).

Jesús María Bustelo Acevedo

Ser feliz es ser eterno

Envejecemos porque, en nuestra locura, concedemos al cuerpo esa verdad que le negamos a Dios; enfermamos porque concedemos al cuerpo ese poder que a Dios le hemos negado; sentimos dolor porque hemos negado ese mundo del amor para el cual Dios nos crea y buscamos ese amor en la carne, que no es más que una invención efímera y neutra. Nuestra eternidad está en devolver a Dios aquello que le pertenece. Esa es nuestra única y verdadera felicidad.

Jesús María Bustelo Acevedo

El cuerpo simboliza las limitaciones que imponemos a nuestra mente

Nuestro cuerpo es un medio de comunicación; lo usamos para ofrendar ese amor que somos a nuestros semejantes. Por lo tanto, nuestro cuerpo no alberga deseos, puesto que no es más que un conjunto de herramientas. Es un artilugio en nuestras manos que no hace ningún tipo de juicio sobre sí mismo, que no tiene ninguna idea en torno a su función: nosotros le damos su verdadero valor. Lógicamente, al identificarnos con él, le estamos privando al cuerpo de aquel que le da su verdadero valor. Es como si un mecánico de repente se vuelve loco y se imagina que es una caja de herramientas; evidentemente está privando a sus herramientas de cumplir su función: el valor de las herramientas está en el uso que de ellas haga el mecánico.

En definitiva, nuestro cuerpo no tiene deseos: castigar a nuestro cuerpo por ellos no es más que la expresión de la demencia. Nuestro cuerpo no tiene vida propia de por sí: es lo que nosotros decidamos que sea, dependiendo de que nos percibamos a nosotros mismos como entidades amorosas o meros sujetos sometidos al miedo. Cuando somos amor, le damos su verdadero valor al cuerpo, que cumple su función oferente (son dispositivos de un amor que permanentemente se renueva en su ofrenda); cuando el miedo nos toma, percibimos al cuerpo como una especie de escondite y en él erigimos nuestra falsa seguridad, con la conciencia de que no es permanente... Un alma eterna escondida en un cuerpo (en la locura de creer que esto es posible) es como una mente que se oculta en uno de sus pensamientos. Este extraño cóctel de alma eterna y carne caduca da origen a ese mundo de deseos, que, presos del engaño, percibimos como algo natural... Al negar los valores de nuestra alma y al imaginarlos en nuestro cuerpo fabricamos unas caricaturas efímeras de ellos. La necesidad de ofrendar amor se transforma entonces en expresiones más degradadas, como el deseo sexual (necesidad de robar placer de entidades percibidas como ajenas a nuestra naturaleza). Escondidos en el cuerpo, no sabemos lo que es el amor. Puesto que el amor es la libertad infinita de nuestro verdadero ser. Ese poder infinito de nuestras almas, del mismo modo, se convierte (en la locura de creer que esto es posible) en la idea de que podemos hacer daño a nuestros semejantes, y de ahí proviene esa absurda pseudo satisfacción del sujeto egótico tras causar un aparente perjuicio a sus hermanos. De esta forma, el cuerpo sólo simboliza las limitaciones que imponemos a nuestra mente y, dentro de esas limitaciones, el falso amor, la falsa libertad, el falso poder y la falsa bondad que rigen el mundo.

Jesús María Bustelo Acevedo

El cuerpo es un medio de comunicación

Cuando tomamos por real este mundo de apariencias, nos percibimos como cuerpos efímeros y vulnerables. En realidad, más que con el cuerpo, nos identificamos con esa invisible capa que lo delimita y que llamamos forma. Nos identificamos con las formas, por eso no tenemos conciencia real de la naturaleza y peculiaridades de nuestro cuerpo; lo maltratamos con malos hábitos y malas posturas. Aquel que se reconoce como espíritu, trata correctamente al cuerpo, manteniéndolo limpio y saludable y haciendo uso de todas sus herramientas de manera eficiente. El cuerpo es nuestra televisión privada particular, no necesita publicidad para mantenerse: basta con un buen corazón y grandes deseos de ofrendar a nuestros semejantes lo mejor de nosotros. Tenemos programas para toda la familia: comedias superdivertidas, películas de aventuras, documentales interesantísimos sobre lugares exóticos, el espacio para la lírica, la hora del bricolaje, programas infantiles, de cocina, arte, deporte, ópera, zarzuela, cursillos de baile flamenco, etc, etc, etc... Cuando el ego nos suplanta, se apaga esa tele y se termina el show de la vida... Cuando el ego nos suplanta, no estamos transmitiendo nada... La tele está apagada, pero toda la plantilla está en su puesto y lista para hacer su trabajo, sólo falta encender la vida y comenzar a emitir. Si nos sentamos y cruzamos de brazos para ver lo que otros transmiten, todas nuestras emisiones no les van a llegar a nuestros semejantes.

Jesús María Bustelo Acevedo

Dios es mi Fortaleza

La infinitud de nuestro Ser no tiene cabida en un cuerpo que no se entiende sin lo que no es ese cuerpo. Porque el cuerpo es una máquina dependiente, pero nuestro Ser es libre, completo e independiente. Sólo depende de Aquel que nos hizo por Amor, con Amor y para el Amor; no somos otra cosa que su efecto, el compartimiento de su Naturaleza Amorosa y Eterna, y con ello de todos los dones que la definen... Somos completos, y así lo son todos nuestros semejantes. Cuando los atacamos, los limitamos a lo que ese ataque significa (los límites son siempre del miedo, nunca del Amor infinito), porque no percibimos esa completud que no es más que su Divinidad. Cuando los atacamos vemos un error, no a su verdadero Ser, a nuestro verdadero Ser, en cuya fortaleza no se concibe el ataque.

Jesús María Bustelo Acevedo

Libertad

El cuerpo es un limitador, pero nuestra mente es infinita, tan infinita como su libertad; por lo tanto, no se puede encerrar en un cuerpo. Imaginárnosla presa de ese cuerpo es percibirnos sin libertad. Cuando no nos reconocemos en ese cuerpo perecedero, éste se pone a nuestro servicio en nuestra búsqueda del conocimiento, en el ejercicio de nuestra creatividad y en nuestra propia condición de almas libres, en esa libertad que sólo es concebible en el mundo verdadero del Amor para el cual somos creados en la Eternidad. Sólo lo que existe alberga libertad. El ego no puede ser libre y cuanto construye en su mundo de apariencias es mecánico, reaccionario, dependiente y previsible, que son las etiquetas que definen a aquello que no opera en libertad. La libertad es un don sagrado que Dios comparte con nosotros por su Voluntad; las percepciones conflictivas de una supuesta libertad están basadas en la falsa idea de la separación que no reconoce la Unidad de Dios y de toda Su Obra.

Jesús María Bustelo Acevedo