La gratitud facilita el goce de la abundancia

El ego quiere que busquemos y que nunca hallemos, porque en ello está su supervivencia. El Espíritu Santo, por el contrario, nos anima a una búsqueda en la que siempre vamos a hallar, porque el objetivo no es otro que el tesoro infinito de nuestros corazones. Ese tesoro infinito que fue voluntad de Dios que disfrutáramos plenamente y es nuestra propia gratitud lo que nos hace gozar de él. La gratitud es el estado de gracia, de alegría, de dicha, en el que Dios nos crea en y para la Eternidad. La gratitud es el sentimiento amoroso más bello que podemos albergar para nuestro Creador.

Jesús María Bustelo Acevedo

El ego no puede amar

El ego nunca puede verse satisfecho en el amor, porque el ego no puede amar, y como es consciente de ello, también percibe a los demás como incapaces de amarle a él.

Jesús María Bustelo Acevedo

El ego funciona sin amor

El ego funciona siempre sin amor, es un artilugio que dispone de su propio carburante, el amor falso, una substancia altamente contaminante hasta el punto de que el propio ego le tiene miedo. No contento con temer al amor verdadero, teme incluso el sucedáneo que de él se inventa. Todo el que vive preso del ego está continuamente buscando amor, ese que no se reconoce en sí mismo. Los deseos del ego van siempre acompañados del oculto deseo de que no sean satisfechos, porque la falsa existencia del ego no es más que una continua búsqueda sin fin. El ego no es más que mendicidad, culto a la carencia, que busca suplir en el mundo que percibe como exterior toda esa pobreza y necesidad que a sí mismo se atribuye. Una vez creado este mecanismo pedigüeño, este saco sin fondo que es el ego, sólo falta adornarlo con conceptos complejos y enrevesados... Schopenhauer, Nietszche, Freud, Darwin y otros muchos pensadores, con su insuperable e irrebatible inventiva, pueden echarnos una mano en este sentido.

Jesús María Bustelo Acevedo

Miedo

Cuando damos crédito al miedo, se lo estamos negando al amor.

Jesús María Bustelo Acevedo

Juzgamos tal como nos juzgamos a nosotros mismos

Cuando juzgamos al prójimo, hacemos previamente el mismo juicio contra nosotros mismos. Cualquier aspecto negativo que hemos percibido y analizado en nuestros hermanos es porque anteriormente nos hemos visto a nosotros con ese aspecto negativo. Nos enfocamos en aquello en lo que hemos decidido enfocarnos. Si cultivamos en nosotros un mundo de amor, de bondad, de ternura, de inocencia, de serenidad, de comprensión, de solidaridad, de alegría... nos vamos a enfocar en todo aquello que guarde relación con esos valores, vamos a abrazar nuestro abanico de percepciones desde esos valores en los que hemos invertido. Y con esos valores vamos a ver a nuestros semejantes cuando ellos mismos los manifiesten y compartan o cuando expresen olvido y petición de ellos. Será una bendición para nosotros poderles ayudar.

Jesús María Bustelo Acevedo

La verdad siempre es

No se precisa hacer nada para tener fe plena en la verdad. Sólo lo que es falso busca justificaciones en argumentos o en acciones de las que depende, y la verdad no puede ser dependiente de ninguna acto o de ninguna argumentación elaborada; solamente las mentiras tienen esa dependencia. Ignoramos la verdad cuando desde el ego pretendemos analizar ese error que hemos percibido. Hay que enfocarse en la verdad, no en el error, que pertenece a un mundo que no es real; la atención que prestemos a cualquier elemento de ese mundo falso es una concesión de poder (concesión de poder que, lógicamente, tiene lugar dentro de la ficción del ego, porque en el mundo falso no se puede ejercer ningún poder, sólo se da una apariencia de él: el poder del mundo falso es siempre el falso poder que le cuadra a su falsedad que toma su carburante de la distorsión del propio Poder de Dios que niega, como un espejo que distorsiona nuestro rostro toma la imagen de nosotros sin serlo).

Jesús María Bustelo Acevedo

Nuestros hermanos son amor, abundancia y felicidad

Nuestros hermanos no pueden ofendernos. Nuestros hermanos no pueden hacernos daño. Nuestros hermanos no pueden privarnos de nada. Ellos son amor, abundancia y felicidad, tal es su verdadero ser y así es como debemos percibirlos. Cuando percibamos algo en nuestros hermanos que no esté conforme con esto, confiemos en el Espíritu Santo para que Él elimine todo aquello que no es real. Nuestra confianza plena en el poder sanador del Espíritu Santo hará que se deshaga cuanto no sea propio de nuestra condición amorosa.

Jesús María Bustelo Acevedo